Me preguntaste a qué sabe mi vida, y te contesté que no sé, que mi vida no sabe a nada, que es tan insípida como el agua. Poco satisfecho me preguntaste que de qué color es mi vida. Eso sí, te respondí, está tan llena de matices como el reflejo de la luz en un espejo. No me creíste. Y, con resignación, me hiciste esta última pregunta: ¿A qué huele tu vida? A nada. Y lo dije convencida.
Pero me precipité. Mi vida huele a libros usados y a ti. Por encima de todo, huele a ti.
N
Hace 9 años
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