Nadie lo sabrá

Nadie a quien le importe debe saber esto. Y nadie que no lo haga merece saberlo.
Estoy sola con esto. Sola. Maldita sea.

Diálogo interior

¿Se puede saber qué te pasa?

Nada.

Ya, típico.

Sólo quiero estar sola.

¿Sola? ¿Y eso?

No lo sé. Déjame en paz, por favor.

¿Sabes cómo lo llaman?

¿De qué me hablas?

De lo que te pasa.

Ah. ¿Tiene nombre?

Pues claro que lo tiene. ¿Sabes cómo se llama?

Ni idea.

Fobia.

Pero... ¿Cómo? ¿Existe tal cosa?

Tú eres la prueba, ¿no?

¿La prueba de qué?

De que existe, cielo. De que la fobia a las personas existe.

Si tú lo dices...

Eres una antisocial, eso lo sabes. ¿No te parece triste estar aquí sola hablando conmigo, o lo que es lo mismo, contigo misma? A mí me parece una pena. Me das pena.

Cállate ya, eres una pesada.

Como tú, bonita. Lo mismo que tú.

Dani

El Dani ha mort.
No deixo de repetir-m'ho però no aconsegueixo entendre-ho. És com si entengués les paraules per separat però fos incapaç de trobar un sentit al conjunt. El Dani? Mort? Sona a broma pesada. De fet, desitjo amb totes les meves forces que ho sigui, que sigui una mentida col·lectiva, una broma per riure's de mi, i que en qualsevol moment tu puguis aparèixer darrera d'una porta i espantar-me.
...mort. No puc fer-me'n a la idea. Que vol dir mort exactament? Que no et tornaré a veure? Que no sabré mai més res de tu? Però això podría passar si anessis a viure fora i perdés el teu telèfon... Mort... No és que ja no et torni a veure somriure, és que mai més tornaràs a fer-ho. I és molt pitjor saber que no existeixes que no pas que t'has oblidat de mi. M'horripila pensar-ho.
I saps que és el pitjor? Que mai et vaig dir lu molt que t'aprecio. Potser ho vas endevinar, potser t'ho imaginaves, però jo sempre era tan borde amb tu... I vull dir-te que no tinc intenció d'oblidar-te, mai.

Com deia la Meix, hi ha tres vides: la terrenal, la que has abandonat; l'espiritual, l'ànima i els somnis; i la fama, que és el record que perdura després de la mort.
Mai moriràs del tot, Dani.


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Deseo manchar el papel con tu historia

Alegría. Risa. Espasmo. Ahogo. Llanto contenido. Vacío. Y vuelta a empezar.
El desespero de saber que tu cuerpo no es capaz de soportar tu alegría.

Deseo manchar el papel con tu bonita historia, embellecerla con palabras y sacarla fuera, para que todos puedan conocerla. Quiero tener la valentía de enfrentarme a mis limitaciones y salir victoriosa. Por ti.
Te lo debo, pequeña fantasma.

¿Qué trae mi recuerdo a tu memoria?

Este cielo de invierno despejado con algunos nubarrones anaranjados. Me recuerda tanto a ti... Se te veía tan sola y tan fuera de lugar pero tan necesaria, como a estas nubecitas alargadas. Aún ahora lo pienso, se te veía tan perdida y a la vez tan repelentemente segura... Eras una gran contradicción.
Mi contradicción personal.

Soy

Soy celosa, codiciosa y egoísta. Soy retorcida, una adicta a darle al coco. Una lunática con cambios bruscos de humor. Una eterna perfeccionista a la que nada sale como debería, soy fácilmente agobiable y un tanto plasta. Una de tantas sin ningún talento especial. Tan sólo soy una maldita estúpida que se cree importante... Y de eso, queridos míos, el mundo no tiene ninguna culpa.
Apesto, oh sí, pero yo por lo menos lo acepto.

Ahora, empezad a daros por aludidos.

Amaneció nublada

Amaneció nublada. Sus ojos, de un gris turbio y apagado, relucían con cada relámpago. Con cada ráfaga de viento, las heladas gotas de su lluvia humedecían esas mejillas, sonrojadas por el frío, que tanto añoro.
Por la ventana, entre las finas cortinas movidas por la suave brisa marina, se colaban los rayos del sol que, alegremente, anunciaban el inicio de una apacible y soleada jornada estival.

Recuerdos

En su oscuro corazón aún guardaba un recuerdo puro que brillaba como el mismísimo sol. Un único recuerdo que no había sido mancillado todavía por el dolor y la oscuridad que emanaban de su alma: el recuerdo de unos ojos de mirada límpida, llenos de esperanza y de vida, que tiempo atrás habían sonreído para él.
En el ojo de aquel huracán autodestructivo se hallaba un recuerdo que, como una herida infectada y enquistada, destilaba desesperanza y muerte: el recuerdo del terrible instante en que esos ojos perdieron su brillo, el momento en el que se cerraron para no volverse a abrir.