Hubo un tiempo en el que deseé vivir anclada a mi pasado. Dani había muerto sin saber siquiera que yo le había amado y no parecía existir ningún hombre digno de mi amor, o al menos no tanto como él (ya sabes lo fácil que resulta idealizar a partir de los recuerdos, y lo dura que se hace la monotonía y la incomprensión).
En un momento en el que yo dejé de confiar en la vida que tan brutalmente me había robado al hombre que más bien me quiso, llegaste tú, y no pude evitar sentirme arrastrada hasta el presente de nuevo.
Derrochas vida y amor por los cuatro costados. Tu bondadoso y puro corazón han traído de vuelta la esperanza y la calma. Ya no giran espirales de negrura en mi cabeza, ya no hay pedruscos en el corazón.
Y no es que tu camino haya sido ni sea fácil, pero das, das y das. Nunca te cansas de dar. Das, repartes, regalas, derrochas amor.
Y me elegiste...
La vida me sonríe ampliamente y no podría sentirme más dichosa.
Me comprometo a estar siempre ahí para ti, para conocer esa parte de ti que parece no existir, esa parte dolida y magullada por la vida, ésa que no sueles mostrar; tu parte tristona y llorona, tu parte egoísta. Y me comprometo a amarla.
Y a hacer cuanto pueda para hacerte sonreír.
N
Hace 9 años